domingo, 6 de julio de 2014

UN BOSQUE MÁGICO

Yo siempre supe de su existencia. Al principio no me lo creía y fuí a contarselo a todo el mundo. Después de varios intentos y de que todos me tomaran por loca, me di cuenta de que eso era algo entre ellos y yo, y que nadie más debia saberlo.
Todo empezó hace dos años:
Yo me levanté temprano como todas las mañanas; fu al pueblo y le compré a un anciano una mula que él ya no podía mantener.
Así que, para que mis padres se enorgullecieran de mi, fui a la parte trasera de mi casa y con unos cuantos pozales de agua que había recogido del pozo hacía unos cuantos días, empecé a lavarla. También la alimenté y le di un poco de cariño, porque mi madre decía que cuanto más se cuida a un animal mejor trabajo, o mejor alimento nos daría.
Así se me fue toda la mañana.
Comí unos trocitos de pan que mi madre había dejado encima de la mesa de la cocina antes de ir al mercado a vender un par de gallinas. Después de jugar un poquito con mi muñeca de trapo, decidí ir a por unas setas al bosque.
Cuentan las leyendas que cualquiera que se perdiera allí no encontraría la salida nunca, ya que los seres magníficos se lo impedirían por toda la eternidad. También dicen que cualquiera que viese a un hada quedaría cegado por su maravillosa belleza y podría llegar a la locura. O que quien tocara una escama de dragón tendría dinero para siempre.
Mi madre dice que me volveré loca si creo en ese tipo de cosas, pero no me importa.
A veces sueño con que me hago amiga de un hada, que vuelo a lomos de un dragón y que una sirena me enseña a nadar.
Me adentré poco a poco, comprobando que cada seta que metía en mi cesta no era venenosa. Y sin darme cuenta, aparecí ante un tunel hecho de hojas, troncos de árboles, raices que se elevaban y se entrelazaban entre ellas, etc.
Mi padre siempre decía que vivía en las nubes, que tenía que bajar a la tierra y centrarme en mi deber.
Es verdad que a mi siempre me ha gustado soñar y jugar a vivir grandes aventuras, sin darme  cuenta de que la gran aventura que esperaba ... Estaba a punto de comenzar.

martes, 1 de julio de 2014

LUNES (||)

Tras salir de casa de Tomy, nos dirijimos a mi casa.
Vamos por una callejuela, no muy grande. En esa calle hay unas cuantas casas, un bar solitario, una frutería y el taller de bicis de Nicholas.
Al pasar por delante entramos a saludar.
Es un establecimiento pequeño, lleno de piezas de bicis de distintos colores y formas por todas partes: en la mesa en las paredes, tiradas por el suelo,...
Manchado de grasa y sudoroso está Nicholas en medio de una operación a una de sus bicis.
-¿Qué hay?, Nicholas - dice Tomy alegre de ver de nuevo a su hermano.
-¡¿Qué pasa?, hermano! - exclama abriendo los brazos.
Entonces se le puede ver bien: es un hombre alto y delgado, lleva barba de unos cuantos dias y se ha recogido las rastas en una coleta detrás de la cabeza. Lleva una camisa blanca ancha y sucia, de manga larga, de manera que no se le ven sus musculosos brazos. Pero no solo es fuerte por fuera, sino también por dentro.
Tiene un corazón muy fuerte, pero al mismo tiempo muy dolorido.
-¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos? - me pregunta a mi.
-Pues no se... Unas semanas. ¿Tanto me has echado de menos? - le digo siguiéndole el rollo.
Entonces me hace un gesto y yo me uno al abrazo y nos echamos todos a reir.
-¿Qué tal está mamá? - le pregunta a Tomy.
Cada vez que vamos a verle nos pregunta por su madre. Es muy duro ese tema para todos, incluso para él.
-Bien... Embarazada... -Responde Tomy con tímidez y descarado al mismo tiempo.
-¿Otra vez? - se extraña Nicholas -¿Cuántos lleva ya?
-Cinco chicos y tres chicas. Bueno, cuatro. Está embarazada de una nena - digo yo, entrometiéndome en la conversación.
Nicholas lleva dos años sin hablar con su madre. A ella parece que no le importa nada, pero Nicholas... Nicholas cogió una depresión muy fuerte el año pasado. Por suerte Charlotte, su novia, lo cuidó y no se alejó de él en los peores momentos además lo estuvo llevando al psicólogo y al final salió, con dificultad, pero lo hizo. También intentó que Sarah (madre) entrara en razón y se diera cuenta de que no lo estaba haciendo bien, pero ella se mantuvo en su posición y no quiso ver lo mal que estaba su hijo y parece que tampoco le gusta como es. Nicholas se culpa de que ya no le hable.
Además vive en casa de los padres de Charlotte, que lo acogieron con cariño y cuando hay mucho trabajo duerme en una habitación de la trastienda.
- ¡Buah! Y pensar que no la voy a conocer nunca... -dice para sí y volviendo al trabajo.
De pronto se hace un silencio muy incómodo.
-Bueno... Y...¿Qué tal está Charlotte?- pregunta Tomy para romper el hielo.
-Bien, trabajando. Está estudiando para psicóloga y ahora está de prácticas en uno de por aquí cerca. Estará de camino.
-Vaya, me alegro mucho -digo yo.
-De hecho... Si no me equivoco, es esa que viene por allí - dice entrecerrando los ojos para ver mejor. Hace mucho sol.
Los tres nos asomamos y... en efecto. Es ella. A lo lejos se ve a una chica rubia, con ropa muy moderna que lleva unas bolsas de la compra en las manos.
Nos saluda con la mano y se acerca rapidamente.
Al llegar deja las bolsas en la mesa y nos saluda a Tomy y a mí. Después corre a por Nicholas y salta a sus brazos. Este la coge en el aire y la levanta rn volandas para reunirse en un fuerte abrazo. Así juntitos, siento que me derrito por dentro de las ganas que tengo de poder hacer eso alguna vez. Tras unos segundos se separan y juntan los labios a modo de saludo. Después dice:
-Bueno, ¿nos vamos?
-Claro. Recojo esto y voy.
                                                      *   *   *  
Estamos en el ascensor. Odio los ascensores. Tengo claustrofobia, pero Tomy dice que para superarla tengo que hacerlo mil veces (yo siempre subo por las escaleras, aunque viva en un sexto piso).
Llegamos y lo primero que hace Tomy es dejar la mochila en el suelo, quitarse las zapatillas y tumbarse en el sofá.
Poco después la comida tailandesa está pedida y solo nos queda esperar a que la traigan.
-Oye, ¿conoces a Lauren? - me pregunta de repente Tomy.
-¿A Lauren?
Asiente con la cabeza.
-Claro. Está sentada a mi lado en clase de dibujo. ¿Por?
-No, por nada.
-¿Por nada? - digo con una sorisa malévola.
-¡Por nada!

sábado, 28 de junio de 2014

LUNES

Lunes, 27 Enero de 2015
Después de vestirme y arreglarme para iniciar un lunes cualquiera, empieza mi rutina de desayunar cereales con leche fría o alguna barrita energética. Como mi hermano se levanta una hora después, mi madre duerme hasta el mediodía (que es cuando empieza a trabajar) y mi padre madruga más que yo, me toca desayunar sola. Lo bueno es que mi querido amigo Willy me acompaña. Es mi hurón.
Me lo regaló el hijo mayor de los Szarrell, Nicholas Szarrell Moon. Tiene un taller de bicis. Me regaló una por mi cumpleaños del año pasado y este me regaló a Willy.
Tras salir de casa con la mochila a cuestas y empezar a caminar, suelo encontrarme con Tom, Tomy para los amigos (yo). Es uno de los hermanos de Nicholas.
Es mi mejor amigo. Es un chico de la misma estatura que yo, tiene el pelo moreno rizado y los ojos negros. Adora los comics y las pelis de ciencia-ficción. Odia las clases de gimnasia y las canciones de amor.
La verdad... Se parece bastante a mi.
-¡Hola Tomy! - saludo simpáticamente.
-¿Qué hay? - pregunta a modo de saludo.
Va con un libro abierto en las manos. Entonces pregunto:
-¿Qué llevas ahí?
-¿No te has enterado? Lo pusieron por el grupo de WatshApp. El profe de biología le dijo a Katya que probablemente habría examen el lunes -Me quedo con la misma cara - ¡hoy es lunes! - me grita para "despertarme".
-¡¿Qué?!
          
                                                      *   *   *
Resulta que después de hacerme chuletas en los brazos y en las manos, no había examen. En realidad era una broma para Tomy.
Los graciosos de los "guays" se dedican a gastar bromas pesadas de ese tipo a la gente "no guay".
Pobre Tomy, después de haber estudiado todo el fin de semana, no había examen.
                                                      *   *   *
Normalmente al salir del insti vamos Tomy y yo a mi casa a comer porque en su casa está toda su familia y en la mia no hay nadie.
Esta vez al salir de clase de biología (la última del día), Tomy ha ido corriendo al vestuario de chicos del gimnasio. Yo he corrido detrás de él.
Antes de entrar he comprobado que no había nadie alrededor ni dentro y he entrado.
Ahí dentro apesta a calcetines sucios y a sudor de chico.
Por lo que veo, se ha metido dentro de los baños.
-¿Tomy? - pregunto poniendo a prueba al silencioso de Tomy.
Siempre ha tenido un problema con lo del silencio. Desde que lo conozco es la persona más patosa con la que estado nunca, y eso que lo conozo mucho y desde hace mucho.
-¡Tomy! - grito irritada. Tras esperar unos segundos me doy cuenta de que no va a salir así por las buenas. Entonces me desespero - ¡Tom Szarrell Moon, más te vale salir antes de que yo misma entre a buscarte!
Entonces una de las puertas se abre despacio y entiendo que le ha fastidiado mucho lo del examen.
Dejo caer la mochila, suspiro y me acerco a él.
-Ven aquí - digo abrazándolo y apretujándolo entre mis brazos - la próxima vez que digan algo por el grupo pregunta a alguien que realmente lo sepa. ¿Vale? - no se le ve muy convencido así que tengo que hacer algo para que esté de buen humor - Mira, se que ahora estás mal, es normal. Pero piensa que cuando realmente haya un examen tu ya te lo sabrás y solo tendrás que repasarlo un par de veces y ellos se lo tendrán que estudiar todo por primera vez.
-Además seguro que ni saben que hay examen - dice con un poco más de ánimo.
Entonces yo me hecho a reír, recojo la mochila del suelo, le rodeo los hombros con el brazo y caminamos juntos hasta llegar al portal de su casa.
Siempre paramos allí porque tiene que recoger las llaves de su casa. Lo que pasa es que no se atreve a llevárselas al instituto porque le da miedo que alguien se las robe y pueda entrar a su casa.
Además dice que su madre lo tiene amenazado diciéndole que si las pierde o se las roban tendrá que pagar la nueva cerradura de la puerta y no tendrá nuevas llaves hasta los veinte.
Vive en una casa grande pero se hace pequeña al estar dentro. Esto pasa porque en ella viven sus padres, él y sus siete hermanos (Nicholas vive en la trastienda de su taller).
El primero es Nicholas, con veintiun años, después está Sarah, con dieciocho, dos años después nació Tom, ahora con dieciséis años, más tarde nacieron: Mike con trece, Anna con nueve, Mandy con seis, Alfred con tres y Charlie con uno. Además Sarah (madre), está embarazada de nuevo. (La llamamos así para diferenciarla de la hija. Esa manía que tiene algunos padres de repetir sus nombres con sus hijos me parece absurda).
Nicholas (padre), siempre se queja de que son demasiados y Sarah (madre) siempre dice que este será el último, pero desde que yo la conozco dice eso esté embarazada del que esté embarazada.
Cuando entramos en su casa están todos los pequeños allí revoloteando por toda la casa.
Nicholas (padre) está preparando la comida y Sarah (madre) les da de comer a Alfred y a Charlie. Está todo hecho un desastre, pero me gusta esa casa igualmente. Está desordenada pero siempre encuentran las cosas. La mia está tan ordenada que nunca encuentro nada.

sábado, 21 de junio de 2014

¿TÍPICO?

Yo soy la típica chica que prefiere quedarse en casa viendo una peli que salir con sus amigas al cine, la que no se molesta en maquillarse, a la que no le preocupa salir a la calle con el pelo de recién levantada, la que se viste con lo primero que encuentra, a la que le gustan las pelis de zombies antes que las de amor, la que prefiere ir con ropa interior de chico porque es más cómoda, la que ve estúpidas a las chicas que prefieren ir con tacones de veinte centímetros o con el sujetador por fuera del vestido antes que ir con unas deportivas y una bufanda, para variar. Soy la chica a la que le gusta jugar a la play más que ir de compras, la que no se pasa la vida comprobando las calorías que come, la que tiene más cosas en común con su hermano que con cualquier otra chica, la que tiene las paredes de su habitación personalizadas, la que entiende más de ciencia-ficción que el própio profesor de audiovisuales, la que ha visto StarWars más de cincuenta veces, a la que no le gustan las verduras,la que saca la lechuga de la hamburguesa, la no se haría vegetariana por nada del mundo, la que todavía no sabe a lo que se dedicará, la que tiene un hurón de mascota, a la que le da asco el algodón de azucar, la que solo va con ropa "sexy" por casa, la que lleva gorros de lana en verano y pantalón corto en invierno, la que tiene un mejor amigo con rastas, la que lleva pantalones "cagaos" en vez de vaqueros ajustados,  a la que le da igual lo que la gente opine de ella, la que se conforma con un cinco de media, la que se dedica a dibujar en todas las clases menos en la de dibujo, la que lleva gafas negras de pasta para leer, a la que le gusta juntar los comics y los emanems, la que personaliza su propia ropa, la que prefiere estar sola con su música que con sus colegas en la bolera,... En resumen... Que soy la chica que tú no nunca querrías...
Eso sí que es típico.

jueves, 19 de junio de 2014

ELLA Y ÉL

Ella es nueva en la universidad y no conoce a nadie. No es muy sociable pero cuando se la conoce, puede ser la mejor amiga del mundo.
Tiene el pelo largo y moreno. Casi siempre lo lleva suelto. No suele maquillarse, a no ser que sea un evento muy especial. Su ropa tampoco es muy estilosa, ni muy a la moda, ni nada. Sencillamente ella viste con lo que le queda mejor. Su ropa, su estilo.
Ella está estudiando psicología. Para ello consigue que su nota media sea de nueve.
Vive con su padre, su abuela y su hermano.
Su madre murió, inevitablemente, durante el parto de este último, hace once años.
Su padre es un hombre de negocios muy ocupado que a penas está en casa.
En cambio su abuela trata de suplir a su madre. Está pendiente de recoger a su hermano a la salida del colegio, les prepara la comida, les intenta explicar lo que no entienden de los deberes, etc.
Pero, a pesar de todo eso, ella sigue soñando.

Él es el típico chico que no sabe muy bien cuál es su sitio. En cambio tiene muchos amigos y la mitad de las chicas están coladas por él.
Su pelo es moreno, pero siempre lo esconde bajo la gorra. Siempre viste con diferentes sudaderas y luce un pendiente en forma de semicirculo aplastado en la oreja izquierda.
Su comportamiento no es muy bueno, pero tampoco se le puede llamar malo. Está estudiando ciencias porque es lo que mejor se le daba en el colegio. Su nota media es de siete. Él se conforma con ello.
Sus padres trabajan a todas horas, por eso, estubo ahorrando durante años y se ha mudado a vivir solo a un apartamento.

lunes, 16 de junio de 2014

JACK (||)

Estoy en mi habitación. Es blanca por todas partes, blancas las paredes, el techo, el suelo, las sábanas, las ventanas, las estanterías, la puerta... ¡TODO! Estoy sentado en la cama con las piernas cruzadas y lo evalúo todo con gran interés.
De pronto, unos golpecitos en la puerta me desconcentran. En seguida se abre y aparece mi psicóloga.
Al parecer, es la mujer que más entiende de "locos". Lo que no entiendo es por qué me trata a mí. ¡Yo no estoy loco!
Lo único que me pasa a mi es que tengo miedo.
-Buenos dias, Jack -dice entrando, haciendo pasar a su ayudante y cerrando la puerta con cuidado.
Es una mujer pequeña, rubia y con el pelo corto. Viste una falda beix que llega por debajo de las rodillas, también lleva una camisa blanca y una chaqueta gris. Además, en las manos sujeta un bolso del mismo estilo y unas carpetas y folios de informes de pacientes.
Detrás de ella viene una especie de aprendiz que anota todas las conversaciones. Este viste una bata blanca (¿¡Pero que le pasa a la gente con el blanco!?) y va con una libretita y un boli en el bolsillo.
-Hola -saludo yo, sin mucho entusiasmo.
-Bueno, vamos por donde lo dejamos la última vez... -me dice ya sentada en una silla que hay al lado de mi cama. El perrito faldero se sienta en otra un poco por detrás.
Busca algo en su carpeta con muchos apuntes y anotaciones.
-Bueno Jack, ya llevas aquí tres semanas y las clases empezarán la semana que viene. No debes quedarte atrasado - dice con una falsa sonrisa y creyendo que ha tenido gracia, para colmo, el otro sonríe como si se riese interiormente- Todos los días te levantarás a las nueve e irás a clase con la Srta. Florence.  Comerás a las doce y media y tendrás clase a las cuatro y media conmigo. Terminará a las ocho en punto- dice con aire sofisticado -tendrás libres los viernes y los fines de semana.
Yo asiento lentamente.
-Deberíamos comenzar. Dime Jack, ¿Qué te pareció aquel hombre antes de saber como era realmente?
Lo malo de la psicóloga es que te hace recordar los peores momentos de tu vida para superarlos. Yo lo que intento es olvidarlos y empezar de nuevo, pero ella dice que para olvidar hay que superar.
No contesto. No sé que decir. Si le digo que desconfiaba de él pensará que progreso adecuadamente (aunque no sea lo que realmente hacía), pero si le digo que me parecía un "buen tío" creerá que estoy majara o algo parecido.
Así que lo único que hago es encogerme de hombros y poner cara de poker.
-Jack, tienes que contestarme -me dice con tono suave y dulce - Necesito saber más cosas de ti y de tu pasado. Si no dices nada no podemos ayudarte.
-Tengo... que ir al baño -digo intentando parecer lo más creible posible.
Yo vivo en el segundo piso de la residencia y en el baño hay una ventana que da justo a los jardines, la zona que más me gusta de este lugar.
-Bien, te espero -suspira cruzando las piernas y apoyándose en el respaldo de la silla que había al lado de mi cama.
Me levanto por el otro lado de la cama, cruzo la habitación y entro en el baño. Cierro la puerta con pestillo y me acerco a la ventana. La abro con cuidado. Cojo el taburete y me subo a él. Me siento en la ventana con las piernas colgando. Me impulso y caigo sobre el tejado del porche que da a los jardines. Voy resbalando sobre las tejas lentamente, para no hacer ruido. Al final hay un canal por el que pasa el agua cuando llueve. Me agarro a él con las manos y dejo caer el resto del cuerpo.
Por suerte es casi la hora de la cena y ningún paciente está en el porche. Me dejo caer y aterrizo sobre el césped. Salgo corriendo a esconderme detrás de un arbusto muy alto para evitar miradas indiscretas.
Al llegar, respiro profundamente. Son ya las ocho y acaban de regar. El aire es fresco y se respira el aroma a jazmin y a rosas. El tacto también es maravilloso, se nota cada gotita de rocío en las diminutas hojas de los arbustos.
Se que no está bien lo que estoy haciendo, pero aún así, disfrutar esto es lo mejor que me ha pasado en la vida, aúnque sean menos de diez minutos. La verdad, ahora que lo pienso, la psicóloga no tardará en darse cuenta de que el baño está vacío, y ¿quien sabe lo que hará entonces? Llamará a los de seguridad, me buscará por todas partes,... ¡Y cuando me encuentre!... No quiero ni pensarlo: Me castigará sin postre durante un més, me pondrá rejas en todas las ventanas, me cambiará de habitación a una sin salidas... En cualquier caso... Cualquier castigo será horrible.

sábado, 31 de mayo de 2014

JACK (|)

Mi vida nunca ha sido como para ir alardeando. De hecho, no me gusta mi vida. Nunca me ha gustado:
Me llamo Jack. Nací el 18 de marzo de 2018. Mis padres nunca han sido, digamos, perfectos. Mi padre era un adicto a la bebida y mi madre nunca se ha atrevido a dejarlo o a denunciarle, ya sea por miedo, porque realmente lo quería... Nunca lo he sabido. El caso es que un dia mi padre nos abandonó a mi madre y a mí a nuestra suerte.
Dos años después de vivir en la calle, a mi madre la compró un hombre de negocios. Vivimos en su casa hasta hace tres semanas. Durante nuestra estancia allí, tenía la nariz rota, un ojo morado, heridas por todo el cuerpo, látigazos en la espalda...
Solía despertarme a media noche gritando, sudando y, temblando. No podía dormir. Soñaba con ese hombre todas las noches.
Uno de los vecinos que me veía salir corriendo por la mañanas y volver temblando lo entendió todo y lo denunció por maltrato infantil.
Ahora vivo en la residencia del hospital.
 Nada más llegar me hicieron muchas pruebas y me operaron. Al parecer, la última de sus patadas en el estómago me rompió el bazo.
El médico me dijo que ahora sería más propenso a las neumonías.
Hay una mujer que me intenta convencer de que ese horrible hombre ya está en la carcel y que no me puede encontrar, pero yo se que sí.
Me dice que puedo dormir tranquilo con la ventana abierta o sin taparme hasta el cuello con las sábanas, pero no estoy del todo seguro.
Un dia la escuché hablando con otro hombre de mí:
Decía que tenía estres postraumático y que, por eso no me gustan las puertas abiertas, los sonidos fuertes, la oscuridad,  el frío, la noche, dormir, los cuchillos y tenedores, tengo miedo a la mayoría de hombres que visten de negro, al fuego, etc. y que todos mis miedos reflejan algún dato de mi triste y horrible pasado.