jueves, 19 de junio de 2014

ELLA Y ÉL

Ella es nueva en la universidad y no conoce a nadie. No es muy sociable pero cuando se la conoce, puede ser la mejor amiga del mundo.
Tiene el pelo largo y moreno. Casi siempre lo lleva suelto. No suele maquillarse, a no ser que sea un evento muy especial. Su ropa tampoco es muy estilosa, ni muy a la moda, ni nada. Sencillamente ella viste con lo que le queda mejor. Su ropa, su estilo.
Ella está estudiando psicología. Para ello consigue que su nota media sea de nueve.
Vive con su padre, su abuela y su hermano.
Su madre murió, inevitablemente, durante el parto de este último, hace once años.
Su padre es un hombre de negocios muy ocupado que a penas está en casa.
En cambio su abuela trata de suplir a su madre. Está pendiente de recoger a su hermano a la salida del colegio, les prepara la comida, les intenta explicar lo que no entienden de los deberes, etc.
Pero, a pesar de todo eso, ella sigue soñando.

Él es el típico chico que no sabe muy bien cuál es su sitio. En cambio tiene muchos amigos y la mitad de las chicas están coladas por él.
Su pelo es moreno, pero siempre lo esconde bajo la gorra. Siempre viste con diferentes sudaderas y luce un pendiente en forma de semicirculo aplastado en la oreja izquierda.
Su comportamiento no es muy bueno, pero tampoco se le puede llamar malo. Está estudiando ciencias porque es lo que mejor se le daba en el colegio. Su nota media es de siete. Él se conforma con ello.
Sus padres trabajan a todas horas, por eso, estubo ahorrando durante años y se ha mudado a vivir solo a un apartamento.

lunes, 16 de junio de 2014

JACK (||)

Estoy en mi habitación. Es blanca por todas partes, blancas las paredes, el techo, el suelo, las sábanas, las ventanas, las estanterías, la puerta... ¡TODO! Estoy sentado en la cama con las piernas cruzadas y lo evalúo todo con gran interés.
De pronto, unos golpecitos en la puerta me desconcentran. En seguida se abre y aparece mi psicóloga.
Al parecer, es la mujer que más entiende de "locos". Lo que no entiendo es por qué me trata a mí. ¡Yo no estoy loco!
Lo único que me pasa a mi es que tengo miedo.
-Buenos dias, Jack -dice entrando, haciendo pasar a su ayudante y cerrando la puerta con cuidado.
Es una mujer pequeña, rubia y con el pelo corto. Viste una falda beix que llega por debajo de las rodillas, también lleva una camisa blanca y una chaqueta gris. Además, en las manos sujeta un bolso del mismo estilo y unas carpetas y folios de informes de pacientes.
Detrás de ella viene una especie de aprendiz que anota todas las conversaciones. Este viste una bata blanca (¿¡Pero que le pasa a la gente con el blanco!?) y va con una libretita y un boli en el bolsillo.
-Hola -saludo yo, sin mucho entusiasmo.
-Bueno, vamos por donde lo dejamos la última vez... -me dice ya sentada en una silla que hay al lado de mi cama. El perrito faldero se sienta en otra un poco por detrás.
Busca algo en su carpeta con muchos apuntes y anotaciones.
-Bueno Jack, ya llevas aquí tres semanas y las clases empezarán la semana que viene. No debes quedarte atrasado - dice con una falsa sonrisa y creyendo que ha tenido gracia, para colmo, el otro sonríe como si se riese interiormente- Todos los días te levantarás a las nueve e irás a clase con la Srta. Florence.  Comerás a las doce y media y tendrás clase a las cuatro y media conmigo. Terminará a las ocho en punto- dice con aire sofisticado -tendrás libres los viernes y los fines de semana.
Yo asiento lentamente.
-Deberíamos comenzar. Dime Jack, ¿Qué te pareció aquel hombre antes de saber como era realmente?
Lo malo de la psicóloga es que te hace recordar los peores momentos de tu vida para superarlos. Yo lo que intento es olvidarlos y empezar de nuevo, pero ella dice que para olvidar hay que superar.
No contesto. No sé que decir. Si le digo que desconfiaba de él pensará que progreso adecuadamente (aunque no sea lo que realmente hacía), pero si le digo que me parecía un "buen tío" creerá que estoy majara o algo parecido.
Así que lo único que hago es encogerme de hombros y poner cara de poker.
-Jack, tienes que contestarme -me dice con tono suave y dulce - Necesito saber más cosas de ti y de tu pasado. Si no dices nada no podemos ayudarte.
-Tengo... que ir al baño -digo intentando parecer lo más creible posible.
Yo vivo en el segundo piso de la residencia y en el baño hay una ventana que da justo a los jardines, la zona que más me gusta de este lugar.
-Bien, te espero -suspira cruzando las piernas y apoyándose en el respaldo de la silla que había al lado de mi cama.
Me levanto por el otro lado de la cama, cruzo la habitación y entro en el baño. Cierro la puerta con pestillo y me acerco a la ventana. La abro con cuidado. Cojo el taburete y me subo a él. Me siento en la ventana con las piernas colgando. Me impulso y caigo sobre el tejado del porche que da a los jardines. Voy resbalando sobre las tejas lentamente, para no hacer ruido. Al final hay un canal por el que pasa el agua cuando llueve. Me agarro a él con las manos y dejo caer el resto del cuerpo.
Por suerte es casi la hora de la cena y ningún paciente está en el porche. Me dejo caer y aterrizo sobre el césped. Salgo corriendo a esconderme detrás de un arbusto muy alto para evitar miradas indiscretas.
Al llegar, respiro profundamente. Son ya las ocho y acaban de regar. El aire es fresco y se respira el aroma a jazmin y a rosas. El tacto también es maravilloso, se nota cada gotita de rocío en las diminutas hojas de los arbustos.
Se que no está bien lo que estoy haciendo, pero aún así, disfrutar esto es lo mejor que me ha pasado en la vida, aúnque sean menos de diez minutos. La verdad, ahora que lo pienso, la psicóloga no tardará en darse cuenta de que el baño está vacío, y ¿quien sabe lo que hará entonces? Llamará a los de seguridad, me buscará por todas partes,... ¡Y cuando me encuentre!... No quiero ni pensarlo: Me castigará sin postre durante un més, me pondrá rejas en todas las ventanas, me cambiará de habitación a una sin salidas... En cualquier caso... Cualquier castigo será horrible.

sábado, 31 de mayo de 2014

JACK (|)

Mi vida nunca ha sido como para ir alardeando. De hecho, no me gusta mi vida. Nunca me ha gustado:
Me llamo Jack. Nací el 18 de marzo de 2018. Mis padres nunca han sido, digamos, perfectos. Mi padre era un adicto a la bebida y mi madre nunca se ha atrevido a dejarlo o a denunciarle, ya sea por miedo, porque realmente lo quería... Nunca lo he sabido. El caso es que un dia mi padre nos abandonó a mi madre y a mí a nuestra suerte.
Dos años después de vivir en la calle, a mi madre la compró un hombre de negocios. Vivimos en su casa hasta hace tres semanas. Durante nuestra estancia allí, tenía la nariz rota, un ojo morado, heridas por todo el cuerpo, látigazos en la espalda...
Solía despertarme a media noche gritando, sudando y, temblando. No podía dormir. Soñaba con ese hombre todas las noches.
Uno de los vecinos que me veía salir corriendo por la mañanas y volver temblando lo entendió todo y lo denunció por maltrato infantil.
Ahora vivo en la residencia del hospital.
 Nada más llegar me hicieron muchas pruebas y me operaron. Al parecer, la última de sus patadas en el estómago me rompió el bazo.
El médico me dijo que ahora sería más propenso a las neumonías.
Hay una mujer que me intenta convencer de que ese horrible hombre ya está en la carcel y que no me puede encontrar, pero yo se que sí.
Me dice que puedo dormir tranquilo con la ventana abierta o sin taparme hasta el cuello con las sábanas, pero no estoy del todo seguro.
Un dia la escuché hablando con otro hombre de mí:
Decía que tenía estres postraumático y que, por eso no me gustan las puertas abiertas, los sonidos fuertes, la oscuridad,  el frío, la noche, dormir, los cuchillos y tenedores, tengo miedo a la mayoría de hombres que visten de negro, al fuego, etc. y que todos mis miedos reflejan algún dato de mi triste y horrible pasado.

jueves, 29 de mayo de 2014

SIN ADIÓS

Estaba sentada en una roca mientras comía algo de carne. Él se le acercó por detrás. Un pequeña rama crujió y ella se giró tensa y sobresaltada.
-Ah, eres tu. Me has asustado.
-Ya... Bueno... Lo siento.
-No, no pasa nada - dijo con sinceridad. Él se sintió tan mal, que tuvo ganas de vomitar.
Ella ahora confiaba en él y no le iba a gustar demasiado lo que le iba a decir.
-Bueno... ¿Te acuerdas de lo que me digiste ayer? ¿Lo de que podía volver?
Ella se puso seria de pronto y todo el color de la piel de la cara pareció huir de pronto.
-Si. Me acuerdo.
-Pues quería que supieses que ya lo he decidido.
Ella esperó un poco, pero como no prosiguió, decidió que lo haría ella.
-Bien. Pues dime, ¿qué has decidido?
-He decidido... que me voy.
Él no se había sentado en ningún momento. Ella no dijo nada. Sencillamente se limitó a mirarlo desde abajo y con la mirada  suplicarle que se quedara con ella. En cambió la cabeza le hizo decir y demostrar lo contrario. Su gesto de la cara se endureció y sus manos se apretaron en puños.
Sus ojos transmitían ese dolor y sufrimiento que estaba sintiendo y que ella misma sabía que no dejaría de sufrir nunca.
Se levantó y lo miró duramente.
-Si es esa tu decisión, te irás mañana al amanecer. Algún dragón llevará.
-Gracias.
-No me las des. Has sido tú quien ha tomado esa decisión.
-¿Y tú que vas a hacer cuando yo me marche? - preguntó temiéndose lo peor.
-Lo de siempre - le dijo sin temer su respuesta.
-Oye, no tienes que guardarme rencor, ¿vale? - dijo cuando le vio los ojos llorosos. La retuvo y la cogió por los brazos - No te preocupes, lo que yo siento por ti no ha cambiado y no va a cambiar nunca.
Se miraban a los ojos. Ella tuvo que apartar la mirada para que no viera las lágrimas correr por su rostro.
Él la abrazó con fuerza y ella se dejó abrazar. La verdad es que lo necesitaban los dos. Se necesitaban el uno al otro. Cuando se separaron ella recuperó la compostura, se secó las mejillas y se tranquilizó un poco.
-¿Mejor? - le preguntó.
Ella asintió.
-Espero... que te valla bien.
Le dio un pequeño y suave beso sobre la mejilla.
Después lo miró a los ojos y le dijo:
-Puede que algún dia volvamos a vernos.
Y entonces se fue corriendo. Avan no supo dónde.

Al dia siguiente él se marchó y ella no fue a despedirse.

jueves, 22 de mayo de 2014

RISTO, EL DRAGÓN ALBINO

-Bueno, ¿qué es lo primero que vamos a hacer hoy?- preguntó muy emocionado.
-Lo primero que vamos a hacer es ir a ver nacer a las pequeñas crías de Kira - contestó ella, divertida.
-¿Kira?
-Sí. Los dragones solo se reproducen una vez. Tienen entre cuatro y diez crías. Por eso son tan protectores con ellas. Sus huevos son muy valiosos - dijo muy seria.
-¿Por qué?
-Porque...Espera, ¿me acabas de preguntar por qué los huevos de dragón són tan valiosos? - dijo estupefacta - ¿No te sabes la historia?
-  ¿Debería?- dudó.
-¡Pués claro! - estalló ella - Es la historia por la que ahora vivimos aquí. Es muy importante.
- Entonces explícamela.
-Ahora no. Ya llegamos tarde por lo dormilón que eres, no me gustaría retrasarme más.
-¿Para ver un parto de un dragón? - preguntó en tono asqueado.
-No es un parto, no són mamíferos - dijo enfadándose cada vez más - Y ahora calla, tengo que llamar a Risto.
-¿A quién?
Entonces ella silvó de un extraño modo y, poco después apareció un enorme dragón blanco. Era precioso, per tenía un defecto.
-¿Por qué es tan raro? - preguntó él, extrañado.
-No es raro. Es albino.
-¿Hay dragones albinos? - dijo casi riéndose.
-Pues claro.
-¿Y no le afecta el sol ni a los ojos ni a la piel?
-La piel la protege las escamas.
-¿Y no está marginado?
-¡No! - se enfadó ella - ¿Por qué iba a estarlo?
-Bueno...  No sé... Porque la hermana de mi mejor amigo lo es y nunca sale de su habitación.
-¿Ves? Ahí está la prueba de lo tontos que sois los humanos - le reprochó. - Temeís a lo diferente y queréis controlarlo todo. Y lo que haceís con los humanos albinos es un delito, los usais para la brujería, os dan miedo que sean mejores que vosotros. Pero, ¿Sabes cuál es el problema? - supuso que no la sabría así que contestó ella - Que no son ni mejores ni peores que vosotros. Solo tienen un pequeño defecto. Y cuanto más importáncia le deis, más miedo os va dar y a esa persona, más la vais a hundir.
Hizo una pequeña pausa.
-En cambio, los dragones se protegen entre ellos. - Repuso - No le dan importancia a cosas tan insignificantes como el físico. Y esa es la diferencia entre humanos y dragones. Que los dragones són el doble o el triple de inteligentes que los humanos - suavizó un poco el tono y bajó la voz -  Por eso yo estoy aquí. Porque quiero ser como ellos.
-Eso... Eso no lo sabía...

martes, 20 de mayo de 2014

PALABRAS BONITAS

Tropezó y cayó sobre la tierra y la hierba. Se incorporó y se miró las heridas. Tenía un par de rasguños en las rodillas. No era nada, y lo sabía, pero se sintió tan mal que empezó a llorar.
Se levantó a duras penas y se acercó al vacío.
Se sentó en el suelo dejando colgar las piernas al vacío.
Soltó su pelo moreno que antes llevaba recogido. Ahora bailaba con el viento.
Pensó que a ella le gustaría ser como el pelo; poder bailar al ritmo del mundo, poder formar parte de él. Pero ella hacía lo contrario: seguía anclada al pasado y huía de todo tipo de cambios.
Y ahora él. Tenía que aparecer en su vida cuando menos falta le hacía. Siempre había pensado que necesitaba amigos. Pero ahora que ya se estaba acostumbrando a estar sola... Aparece él.
-No lo soporto - pensó - Ojalá no lo hubiese conocido nunca; así nunca tendría que tomar esta decisión.
Era complicado... o vivir con él para siempre o matarlo. Pensaba en ello desde que lo conoció. Siempre supo que debería haberse desecho de él nada más verlo. Pero, por alguna extraña razón no lo hizo.
Ya anochecía y era hora de cenar. No le hacía mucha ilusión tener que encontrarse con él pero no podría soportar la culpa de haberlo dejado solo la primera noche en las Islas Flotantes. Volvió por donde había venido muy lentamente. No quiso montar sobre ningún dragón porque la mayoría ya estaban dormidos, y despertarlos de su profundo sueño no los pondría de muy buen humor.
Cuando llegó al claro donde, antes, se había marchado, él estaba sentado en el suelo, justo donde lo había dejado horas antes.
- ¡Oh! Ya has vuelto... - le reprochó, pero sin mirarle a la cara - Llegué a pensar que te habías marchado y me habías dejado en estas islas del demonio... - dijo levantandose de un salto.
-Me voy a la cama, no tengo ganas de discutir - dijo, tajante, pasando por delante de él sin mirarle ni un momento.
-¿Y yo dónde duermo?
-Búscate la vida - le contestó muy enfadada - Mira, de momento, eres mi rehén. ¿Has visto alguna vez que alguien le ofrezca una buena cena a su prisionero? O una cama cómoda y suave? - dijo girándose hacia él -No, pues yo no voy a ser diferente.
Se giró y se metió en una cueva iluminada por antorchas. Supuso que era su guarida.
Tras unos minutos, una voz le sorprendió:
-Por cierto... He tomado una decisión: No te mataré. Te quedarás aquí conmigo y aprenderás todo lo que yo sé. Mañana empezarás tu aprendizaje. Procura descansar.
Y se fue, dejándolo solo en la oscuridad otra vez.
Sonrió para sí. Eran las primeras palabras bonitas que le dedicaba desde que la conoció.
Y sabía que no serían las últimas.

viernes, 9 de mayo de 2014

NOCHE DE ESTRELLAS

«Odio»
«Guerra»
«Desconfianza»
«Tristeza»
Se despertó sobresaltada. Había tenido una de esas frecuentes pesadillas que la atormenteban dia y noche.
Estaba en su habitación. Una cueva amplia con un par de muebles esculpidos en la roca por sus antepasados. La cama era igual, pero con muchas mantas, lo que hacía que fuese blandita y cómoda.
No se podía volver a dormir y decidió ir a ver las estrellas. Se puso un fina bata larga que la protegería del frío de la noche.
Fuera se encontró a Avan. No le hacía mucha gracia porque quería pensar en sus cosas y con él a su lado sería imposible pensar con claridad.
Así que decidió volver a entrar e intentar dormir de nuevo.
Ya se había dado la vuelta, cuando algo la retubo por el brazo.
Era él. A la luz de la luna, estaba más pálido de lo normal, casi enfermizo, y su pelo estaba resplandeciente. Estaban muy cerca y fijó su atención en sus pupilas dilatadas que la miraban fijamente.
-Emm... Hola-dijo ella suavemente.
-¿Qué te pasa?- preguntó él con curiosidad.
Y, otra vez, podía ver lo que le pasaba, con solo una mirada.
-¿Cómo lo haces?- le preguntó separándose de él y mirando las estrellas- ¿Cómo puedes saber que me pasa algo con solo mirarme?¿Cómo eres capaz de enamorarme tanto y a la vez enfadarme con tus tonterías?
Tras un momento de silencio dijo:
-Porque te quiero, sencillamente por eso.
Entonces Wean corrió a sus brazos. Se abrazaron apasionadamente.
-Yo también te quiero...- dijo a media voz, de manera que solo él lo pudo oír.
Tras varios minutos, a ella se le cerraban los ojos.
-Deberías dormir.
-No.
-Si.
-Me quiero quedar contigo.
Y él la cogió en brazos hasta su cama.
Cuando la hubo dejado y arropado estaba preciosa, con los ojos cerrados. Parecía más vulnerable ahor.
-No me dejes- protestó sin abrir los ojos.
Él no contestó, pero poco después notó unos cálidos brazos que la abrazaban por detrás. Apoyó la cabeza en su pecho y le cogió la mano con fuerza.
-No me dejes ir nunca- dijo él, temiendo la respuesta.
-No te preocupes, no iba a hacerlo- dijo ella, irónica.
Sonrieron los dos, y poco después se sumieron en un profundo sueño.