viernes, 9 de mayo de 2014

NOCHE DE ESTRELLAS

«Odio»
«Guerra»
«Desconfianza»
«Tristeza»
Se despertó sobresaltada. Había tenido una de esas frecuentes pesadillas que la atormenteban dia y noche.
Estaba en su habitación. Una cueva amplia con un par de muebles esculpidos en la roca por sus antepasados. La cama era igual, pero con muchas mantas, lo que hacía que fuese blandita y cómoda.
No se podía volver a dormir y decidió ir a ver las estrellas. Se puso un fina bata larga que la protegería del frío de la noche.
Fuera se encontró a Avan. No le hacía mucha gracia porque quería pensar en sus cosas y con él a su lado sería imposible pensar con claridad.
Así que decidió volver a entrar e intentar dormir de nuevo.
Ya se había dado la vuelta, cuando algo la retubo por el brazo.
Era él. A la luz de la luna, estaba más pálido de lo normal, casi enfermizo, y su pelo estaba resplandeciente. Estaban muy cerca y fijó su atención en sus pupilas dilatadas que la miraban fijamente.
-Emm... Hola-dijo ella suavemente.
-¿Qué te pasa?- preguntó él con curiosidad.
Y, otra vez, podía ver lo que le pasaba, con solo una mirada.
-¿Cómo lo haces?- le preguntó separándose de él y mirando las estrellas- ¿Cómo puedes saber que me pasa algo con solo mirarme?¿Cómo eres capaz de enamorarme tanto y a la vez enfadarme con tus tonterías?
Tras un momento de silencio dijo:
-Porque te quiero, sencillamente por eso.
Entonces Wean corrió a sus brazos. Se abrazaron apasionadamente.
-Yo también te quiero...- dijo a media voz, de manera que solo él lo pudo oír.
Tras varios minutos, a ella se le cerraban los ojos.
-Deberías dormir.
-No.
-Si.
-Me quiero quedar contigo.
Y él la cogió en brazos hasta su cama.
Cuando la hubo dejado y arropado estaba preciosa, con los ojos cerrados. Parecía más vulnerable ahor.
-No me dejes- protestó sin abrir los ojos.
Él no contestó, pero poco después notó unos cálidos brazos que la abrazaban por detrás. Apoyó la cabeza en su pecho y le cogió la mano con fuerza.
-No me dejes ir nunca- dijo él, temiendo la respuesta.
-No te preocupes, no iba a hacerlo- dijo ella, irónica.
Sonrieron los dos, y poco después se sumieron en un profundo sueño.

CONEXIÓN

Se había quedado dormido mientras jugaba con algunas de las crías de dragón. Se despertó dos horas después y no sabía dónde estaba Wean. Se acordó de que se había ido a darse un baño. No la quiso molestar. Llamó a su dragona favorita, Sally, y lo llevó hasta una de Las Islas Flotantes que no había estado nunca. No era muy grande, pero tenía un espeso bosque. Se adentró en él.
Tras unas horas de caminar sin rumbo exacto, encontró una cascada que caía hasta un pequeño lago.
En la orilla había una toalla. Un poco más allá estaba... ¿Wean? Si. Era ella, sin duda.
Quiso hacerle una pequeña broma.
Se escondió en la espesura mientras ella se quedaba con una fina camiseta y un pantalón muy corto.
Él tambíen se quedó en ropa interior. Esperó hasta que ella se metió poco a poco en el agua. Entonces, cuando metió la cabeza y empezó a desplazarse bajo el agua, él se metió rapidamente para ponerse justo delante de ella. Al salir a respirar vio delante de ella a Avan con su típico gesto burlón. Ella se quedó sin habla. Abrió mucho los ojos y la boca.
Le alegraba que estuviese allí, pero también quería un momento para ella. Se sentía confusa, no podía controlar sus propios sentimientos.
-¿Qué haces aquí?- preguntó casi gritando.
El puso un dedo sobre sus labios.
- Shhh... No grites.
Ella calló al instante.
Entonces se miraron a los ojos y vieron, el uno en el otro, lo mucho que se querían.
Y, antes de que Avan se diese cuenta, de la boca de Wean salió una fuente de agua que salió disparada hacia su cara. Ella empezó a reirse y nadó bien lejos de él.
-¿A que no me coges?- le preguntó en tono burlón.
-¿Qué te hace pensar que no?- dijo sonriente.
Y se impulsó hacia ella, para atraparla.
Se pasaron el resto de la tarde salpicándose, persiguiéndose, abrazándose, haciéndose cosquillas el uno al otro, nadando juntos,...
Tras perseguirse por todo el lago, Avan la acorraló entre la orilla y él mismo. Pero ella no se daba por vencida. Salió del agua y se dejó coger por él cuándo iba tras ella.
Tropezaron el uno con el otro y acabaron tumbados entre las flores.
Estaba atardeciendo y el cielo estaba repleto de dragones que volvían con sus crías para protegerla de la oscura noche que se avecinaba.
Todavía riendo, ella dijo con cariño:
-No me arrepiento de no haberte matado en el momento en que te vi.
Hubo un breve silencio.
-Y yo no me arrepiento de no haber salido corriendo- le contestó por fin.
Se miraron con dulzura. No podían seguir diciendo que no a sus propios sentimientos.
Estaba muy claro lo que iba a pasar, pero ninguno de los dos quiso pararlo.
Poco después, se estaban besando.
Y entonces se liberaron. Liberaron sus sentimientos y pensamientos. Ella puso una mano en su nuca y la otra en la espalda. Él la cogió por la cintura y la abrazó fuerte pero con cuidado.
Al volver a casa, estaban más unidos que nunca. Ellos no lo sabían, pero, de un modo u otro, lo sentían. Sentían la conexión que ese beso había creado entre ellos.

martes, 6 de mayo de 2014

EN LA ORILLA DE UN LAGO

Desde niño, le habían contado miles de leyendas. Pero él no llegaba a creerselas nunca. Siempre le había parecido una tontería inventar cosas, sabiendo que nunca existirían.
Pero un dia, su vida cambió para siempre.
Era un dia de sol, un dia perfecto para ir a cazar un par de conejos al bosque. Dos horas después de haber salido de casa, ya tenía tres conejos y dos ardillas. Era bueno con el arco, había que reconocerlo.
Mientras descansaba en la orilla de un lago, escuchó algo, un extraño aleteo. Miró hacia todas paretes, pero no vio nada, hasta ese mismo instante. Vio por encima de su cabeza un dragón. Un dragón escamado de color azul como la noche. Era enorme con dos grandes alas con toques de color blanco. Tenía una larga cola de su mismo color.
De prontó se dio cuenta de que pensaba beber agua, se le veía cansado.
Y sintió una ganas enormes de esconderse. Corrió detrás de una gran roca. Se escondió y observó, estaba muy impresionado con la criatura que acababa de posarse en tierra e hizo que temblara todo el terreno.
De pronto divisó algo que no había visto. Algo que volaba a lomos del dragón. Una figura. Una sombra. Parecía humana pero llevaba una gran capa negra y no se le veía la cara.
Se dio cuenta de que el animal sangraba en una de las alas.
 La figura quiso curarla, pero, de pronto, dos hombres grandes y pesados se le acercaron con dos mazas cada uno, una en cada mano.
La sombra estaba indefensa, o eso le parecía a él, que no se había movido en ningún momento. El dragón agitó la cola, intentando llegar a uno de los hombres, pero este lo esquivó con un simple movimiento. El otro se encaraba a la persona oculta agitando las dos mazas, mientras el otro se le acercaba sigilosamente por detrás. El de las dos mazas le quitó la capucha bruscamente. Y apareció una joven. Parecía muy guapa. El espectador, en un intento suicida de salvarla, lanzó una flecha al hombre de detrás. Le dio de pleno en el pecho. Entonces la joven, aprovechando el movimiento de distracción, lo empujó hacia atrás y el dragón lo adentró en sus fauces de un solo mordisco.
Entonces pudo fijarse más en la chica. Por un momento se olvidó de respirar.

viernes, 2 de mayo de 2014

LA CIVILIZACIÓN RHIDU

Los Rhidu són una de las pocas regiones que se aliaron a los dragones. Pero, de eso hace más de dos mil años. Los Rhidu acostumbran a vivir en cuevas grandes, altas y amplias. Estas extrañas civilizaciones son adoradores de la Madre Naturaleza, y amigos de todos los seres vivos. Pero de uno en especial. El dragón. La mejor compañía del Rhidu era un dragón. A los quince años se adquiría un dragón.
Un dragón es de gran ayuda, pues todas las tareas de los Rhidu se basan en ir a sitios lejanos a comerciar o a recolectar. En esta situación hay que tener un transporte.
A Alia eso de los dragones le resulta realmente inecesario. No le gustan esas criaturas impredecibles.
Por suerte, la llegada de un viajero, va a cambiarle su visión de estas criaturas.

jueves, 17 de abril de 2014

MIENTRAS ESPERO

Estoy dentro de alguien. Alguien que, algún dia, será mi mamá. Y no está sola, con ella está papá, mis iaios, mis primos, mis tíos y mis amigos, incluso un perrito muy grande!
Lo sé porque los he oído hablar (y ladrar).
He oído, millones de veces a mi mamá hablando con otras personas, con mi papá, con mis iaios... La oigo hablar a todas horas del festival, quejándose (sobre todo de la matrona), llorando, riendo, enfadada, cansada,... También oigo mucho a mi papá, que está fuera, esperándome con impaciencia.
No sé demasiado, porque no he visto nunca nada, ni a nadie. Pero escucho y siento.
Siento a mi mamá que me acaricia aunque no me toque, y yo me acerco donde sus manos tocan su barriga, para sentirla cerca de mí. Siento a mi papá que también me acaricia desde fuera y me hace cosquillas. Siento como mi mami, a pesar de lo que los médicos le dicen, salta y baila con sus alumnas.
Es muy aburrido estar aquí dentro. Yo quiero salir a ver mundo, a conocer a mi familia.
Quiero que mi mami me enseñe a bailar y que mi papi me haga sus trucos de magia, que me vistan y que me limpien. Quiero jugar en el agua de la bañera o que me enseñen a nadar, quiero jugar con el perrito y quiero que, cuando ya tenga mi habitación pero tenga miedo, poder ir a su habitación y dormir entre los dos, que me abracen y me protejan.


miércoles, 16 de abril de 2014

EMILY

Estar ausente, no es estar en las nubes, como suele decirse. Es algo mucho más fuerte. Es dejar de estar aquí, es perderse en un mundo que, quizá, no exista, es olvidarse de todo lo que te rodea.
Eso, al menos, Emily lo tiene muy claro. Ella siempre está ausente. Y no habla. Nunca. Ahora lo ve completamente inecesario. Claro, antes no lo veia de esa manera. Antes hablaba. Y mucho.
Desde la pérdida de parte de su memoria y su familia ( a causa de un accidente de tráfico)  decidió dejar de hablar.
Ahora vive en la residencia del hospital, como psicópata y la vigilan a todas horas.
Siempre va con su bata blanca y unos calcetines de lana rojos, que le vienen grandes. El pelo negro, y desigual le cae por los hombros. Está muy pálida y tiene grandes y oscuras hojeras bajo los ojos, negros como el carbón.
Tiene un psicólogo que la visita frecuentemente. Él le habla y le pregunta, a ver si tiene ganas de contestarle. Pero nunca lo consigue.
No suele hacer caso a nada de lo que le piden los de la residencia. Come cuando quiere, duerme cuando quiere, se levanta cuando quiere y siempre lo hace todo para su propio beneficio, no se siente culpable cuando le tira un vaso de agua helada a alguien sin querer, ni se molesta en pedir disculpas
Normalmente se despierta sobre las diez y media. No desayuna. Se va a dar un paseo por los jardines ( una recomendación del psicólogo), luego va al comedor para ver que hay. Si tiene hambre, coje lo que más le gusta, se lo lleva a la habitación, y se lo come allí mirando por la ventana que da a la calle.
Después se dedica a vagear por todo el hospital, hasta que los recepcionistas cierran y llaman a uno de los de la residencia y la acompaña hasta su habitación la arropa y le da las buenas noches y después se va.
Y ella se queda sola tumbada boca arriba en la habitación blanca, a oscuras, mirando el techo.
Así puede pasar horas, hasta que el sueño le vence, le cierra los ojos y duerme. Y sueña. Sueña con su vida de antes; con todos y cada una de las facciones de su padre, su madre y sus hermanos.
Cuando de pronto, recuerda algo. Una simple imagen borrosa podría salvarla de su horrible depresión.
No todos a los que queria estaban en ese coche.

martes, 1 de abril de 2014

EL CALLEJÓN: SILENCIO

Al llegar, todos estaban allí.
Samu, fumando en la ventana, Ciara y Sarah, sus amigas, charlaban, Froome y Ali, tonteando detrás de la barra, Dallas y Darius, jugando con la música y bailando ridiculamente, otras personas, que prácticamente no conocía, y, al fondo, Vicky y Zac, su mejor amigo. Vicky, era la novia de Zac, la persona que más odiaba de toda la pandilla. Samuel la aceptó hace más de seis meses, y Zac salía con ella desde hacía un año. Zac se la presentó, pensando que le caería bien. No fue así. Siempre vestía de colores llamativos y con lentejuelas, tenía el pelo castaño y largo y todo caía liso por su espalda. Era perfecta. O al menos todos la veían así.
En cuanto entraron, Pamela fue a unirse con Dallas, que le gustaba desde hacía tiempo.
-¡Ellie!- gritó Ciara desde la otra punta del local.
Era un sitio muy desastrado. En realidad, era un antiguo restaurante que se abandonó por las ratas que, al parecer, estaban por todas partes. Ahora, estaba todo hecho un desastre, la cocina estaba llena de comida pasada y los baños embozados, la barra del bar estaba hasta arriba de vasos y botellas de cerveza, coca-cola y fanta. Las paredes necesitaban una mano de pintura y a los suelos no les vendría mal un encerado.
-¿Que pasa chicas?- pregunta Ellie en tono amigable.
-Bien, nada nuevo... supongo- dice Sarah, una chica rubia que llevaba un moño improvisado en lo alto de la cabeza.
entonces, un chico de unos diecisiete años, pero que aparentaba unos veinticinco como minimo, tira el cigarrillo que tenía en la mano, se pone de pie y dice:
-Reunión de pandilla. Hoy quiero hablar de cosas importantes.
Y entoces todos guardaron silecio.